visitas al estudio: Elsa Naveda

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Mientras quedaba en residencia en La Ceiba Gráfica en Veracruz, fui a conocer a Elsa Naveda, una ceramista local (y esposa de Per Anderson, el fundador de La Ceiba). Elsa y Per me dieron una cálida bienvenida en su casa, donde hablamos sobre su trabajo y tuve la oportunidad de ver el taller de Elsa.

Estaba tan impresionada con las creaciones de Elsa. Como jardinera, me fascinó cómo sus esculturas, tan sólidas y resistentes, capturan el movimiento siempre presente que siento en el jardín: de seres creciendo diligentemente a su propio ritmo, abriéndose, desplegándose y revelandose a quienes prestan atención.

Fue una alegría pasar una tarde entre sus plantas, perros, hornos y trabajos de barro, aprendiendo un poco de su experiencia. Lo que sigue son algunas notas de los detalles y las historias que quedaron conmigo de nuestra conversación, y una breve Q&A con Elsa sobre su relación con el barro y la artesanía.

Material, proceso y colaboración

Como la mayoria de los ceramistas que he conocido durante esta investigación, Elsa experimenta regularmente con diferentes barros para ver cuáles sirven mejor para sus obras y lo que quiere crear. El barro es un material muy sensible, entonces cómo forma, seca y quema depende mucho de las variables de su entorno: su combinación de elementos, la humedad y la temperatura del taller, las horas de trabajo, etc. El ceramista siempre debe estar probando para ver cómo reacciona y adaptando su práctica respectivamente. Elsa trabaja con una mezcla de diferentes barros, procedentes de Veracruz, Zacatecas, Hidalgo y Puebla, que luego mezcla y prepara para su uso en su taller. A partir de ahí, utiliza las técnicas de torno y modelar (pellizco, churros y placas) para esculpir sus piezas.

Elsa solía dar talleres regulares a niños y adultos, pero ahora que se está preparando para una exposición, los ha dejado. Todos menos uno. Ella continúa compartiendo su taller con un estudiante de 90 años que está tan enamorado del barro y el proceso de creación de figuras que viene todos los miércoles sin falta y ella no tiene el corazón para quitarle su salida de expresión creativa. Elsa habló de ver este entusiasmo en los niños, que siempre quieren crear figuritos y animalitos, sus propios mundos en miniatura, y que desarrollan un tipo especial de enfoque y atención tranquila cuando tienen las manos ocupadas con el barro. Me dijo que siempre daría instrucciones a los niños para que no pongan cosas dentro del barro ya que, cuando se trata de quemar su trabajo, solo sería el barro que podría atravesar el horno. Sin embargo, mientras revisaba sus piezas después del taller, sin duda encontraría objetos adentro: una nuez de macademia perfectamente compactada con barro o una tapa de plástico llena hasta el borde. Quitaría los objetos con la mayor delicadeza posible, preparando su trabajo para la quema. Me encantó escuchar esas historias, detalles de hábito y ternura que se encuentran en el corazón del proceso creativo.

¿Porque te llamó la atención el barro y la cerámica?

Supongo que me llamaron la atención porque en la casa de mis padres cuando éramos niñas había una laguna que, aparte de ranas y animales, tenía siempre barro alrededor y se agrietaba. Con eso jugábamos mucho, entre nueve hermanos que somos, jugábamos mucho a la comidita y hacer cosas con las plantas y con el barro. Entonces, cuando yo ya estaba empezando a ver qué era lo que iba a estudiar quería utilizar el barro pero no sabía en dónde lo podía aprender.

Me enamore del barro, o la arcilla, por su plasticidad – todo lo que tu hagas con él vas a dejar una huella – y porque, aparte de ser superplástico también es frágil y al mismo tiempo tiene resistencia, tiene que pasar otra vez de la prueba de fuego. Entonces esos dos cosas me llamaron la atención, su fragilidad, que se rompe, y al mismo tiempo, su permanencia en el mundo. Que gracias a todos los fragmentos de vasijas de barro, que se llaman tepalcates, hemos podido saber muchísimas cosas de culturas antiguas y milenarias y información acerca de paisajes, animales, climas y historia de las culturas.

¿Qué piensas del futuro de la artesanía cerámica?

Pues ya hace mucho tiempo que en México la cerámica dejó de ser una artesanía en cual uno lo aprendía de los padres. Ahora la mayoría de los hijos de estos artesanos los quieren ser doctores o quieren ser arquitectos o quieren ser cualquier otra cosa pero que sea mejor pagada que el ser alfarero o artesano de la cerámica. Entonces yo pienso que ya desde mi generación no fuimos gente que lo aprendimos de la familia, si no que lo buscamos como una material que nos gusto para trabajar. Al menos en Xalapa hay muchísima gente joven que están aprendiendo cerámica de una manera formal en la universidad o informal en diferentes talleres y están abriendo sus propios talleres para seguir haciendo cerámica. Y creo que hay muchísimo de donde cortar tela porque aparte puedes hacer buenos diseños, puedes hacer cosas utilitarias, puedes hacer cosas decorativas, puedes hacer cosas que puede ser nada más únicas pero que luego que se puede reproducir en series pequenos. Entonces creo que hay mucho trabajo que hacer. 

La verdad es que yo no creo que esta se vaya a acabar, ni mucho menos, si no que ha ido cambiando pero se sigue haciendo y se sigue haciendo mucha cerámica, mucho más de lo que yo me recuerdo de cuando era niña.

Ser artesana del barro o ser artista del barro no es algo fácil pero no es imposible. Los procesos son largos pero el material es finalmente lo que yo siento que atrapa a la mayoría de la gente. He dado clases a niños y a adultos: los niños se fascinan con el material, crean sus propios historias y propias fantasías, y los adultos lo usan muchas veces como una terapia relajante. Ya vemos mucha gente que el único que sabemos es trabajar con la arcilla y no nos interesa ninguno otro material. Yo creo que hay un futuro muy prometedor, aunque si tiene que ser que estas dispuesta a trabajar duro.

Muchisimas gracias a Elsa para compartir su tiempo y conocimiento con migo. Puedes ver más sobre su trabajo aquí.


Studio visits: Elsa Naveda

During a week in residence at La Ceiba Gráfica in Veracruz, I went to meet Elsa Naveda, a local ceramicist (and wife of Per Anderson, founder of La Ceiba). Elsa and Per gave me a warm welcome in their home, where we talked about their work and I had the opportunity to see Elsa’s workshop.

I was so taken with Elsa’s creations. As a gardener, I was fascinated by how her sculptures, so solid and resistant, manage to capture the ever-present movement I feel in the garden: of beings diligently growing at their own pace, opening, unfurling and revealing themselves to those who pay attention.

It was a joy to spend an afternoon amongst her clay works, kilns, experiments and plants and to learn a little of her experience. What follows are some notes of the details and stories that stuck with me from our conversation and a brief Q&A with Elsa on her relationship with clay and craft.

Material, process and collaboration

Like many of the ceramicists I’ve met during this research, Elsa regularly experiments with different clays to see which ones serve best for her works and what she wants to create. Clay is a very sensitive material so how it forms, dries and fires depends a lot on the variables of its environment: its combination of elements, the humidity and temperature of the workshop, the hours for which it is worked with, etc. The ceramicist must always be testing to see how it reacts and adapting their practice respectively. Elsa works with a mixture of different clays, coming from Veracruz, Zacatecas, Hidalgo and Puebla, which she then mixes and prepares for use in her workshop. From there she uses the wheel and handbuilding techniques (pinch, coil and slab) to sculpt her pieces.

Elsa used to give regular workshops to children and adults but, now that she’s preparing for an exhibition, she’s brought them to a close. All except one. She continues to share her workshop with a 90-year-old student who is so in love with clay and the process of creating figures that he comes every Wednesday without fail and she does not have the heart to take away his outlet for creative expression. She spoke about seeing this same enthusiasm in children, who always want to create little people and animals, their own miniature worlds, and who develop a special kind of focus and quiet attention when they have their hands busy with clay. She told me she would always instruct the children not to put things inside the clay as, when it came to firing their work, it would only be the clay that could pass through the kiln. Nevertheless, as she checked their pieces after the workshop, she would undoubtedly find objects inside: a macademia nut neatly compacted with clay or a plastic lid filled to the brim. She would remove the objects as delicately as possible, preparing their work for firing. I loved hearing such stories, details of habit and tenderness that lie at the heart of the creative process.

What was it about clay and ceramics that called your attention?

I suppose they got my attention because at my childhood home there was a small lake which, apart from frogs and creatures, always had clay cracking round the outside. We would play with this a lot, being nine siblings we would make tea parties and form things with plants and clay. Later, when I started to think about what I would study, I knew I wanted to work with clay but didn’t know where I could learn how to do so.

I fell in love with clay for its plasticity – everything you do with it leaves a mark – and because, apart from being super malleable, it’s also fragile and at the same time resistent, it has to pass through the test of fire. Those two qualities called my attention, its fragility, that it can break, and its permanence in the world. It’s thanks to all the fragments of clay vessels that we have been able to learn so many things about ancient cultures and find out information about landscapes, animals, climates and history.

What do you think about the future of ceramics as a craft?

It’s been a long time since ceramics in Mexico was a craft that one learned from one’s parents. Now the majority of the children of those craftspeople want to be doctors or architects or any other profession that’s better paid than being a potter or ceramic artist. I think that since my generation we haven’t been those who’ve learnt via the family, rather we went looking for this knowledge because of an interest in the material. At least in Xalapa there are many young people who are learning ceramics either formally, through the university, or informally, through different workshops, and opening their own studios to continue making. I think there’s still a lot to explore: one can create good designs, make functional objects, decorative pieces, or unique works that are later replicated in small series. So I think there’s still a lot of work to do.

The truth is I don’t think this is going to come to an end, far from it. Whilst ceramics has changed, it keeps being made and created, more so than I remember from when I was a child.

To be an artist or craftsperson working with clay is not easy but it is not impossible. The processes are long but ultimately I feel it’s the material that ensnares people. I’ve given classes to children and adults: children are fascinated with the material, they create their own stories and fantasies, and adults often use it as a relaxing therapy. We see many people where the only thing we know is to work with clay and no other material interests us. I think there’s a promising future, but one where you have to be willing to work hard.

A huge thank you to Elsa Naveda for sharing her time and insight with me.

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