el espacio taller / the workshop space

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Me enamoré de este viejo establo extraño en un granero en desuso…

…cuando primero visité Guapamacátaro en enero de 2019. Mi proyecto luego se centró en posibles reimaginaciones del espacio dada su compleja historia y sus intrigantes limitaciones / potencial. No tenía idea entonces de que regresaría un año después, parte del equipo que lo convertiría en un taller de cerámica compartido.⁣

⁣Como tierra que alguna vez fue parte de una hacienda mucho más grande, comparte la historia de gran parte de México: el sistema de hacienda introducido por los conquistadores españoles, al igual que el sistema feudal de Inglaterra, involucró enormes apropiaciones de tierras y el control y la esclavitud de los pueblos indígenas existentes, quienes fueron obligados a trabajar para los propietarios de la hacienda. En las reformas agrarias que siguieron a la revolución de 1910, proporciones de estas tierras fueron redistribuidas, pero las disputas sobre la propiedad de la tierra continúan hasta nuestros días.

Guapamacátaro no se construyó hasta el siglo XIX, y el granero más tarde, cuando se usó para almacenar trigo y maíz cosechado de los campos agrícolas circundantes (el trigo fue introducido por los españoles). En la década de 1970, cuando ya no era necesario como granero, se convirtió en una serie de establos para caballos (los caballos también fueron introducidos por los españoles y tuvieron una gran importancia en la producción agrícola). Durante los últimos 5 años, más o menos, el espacio ha estado vacío y sin uso, pero resuena con una energía que habla de sus muchas vidas y enlaces a historias de varias capas. En el área de Michoacán donde se encuentra Guapamacátaro, las comunidades de Purépecha, Mazahua y Hñähñü (de donde se origina mi abuelita) se fusionaron, así que también me pregunto cuales pies pisaron la tierra aquí en sus realidades pasadas.

Durante mi estadía en Guapamacataro establecimos este establo con los elementos básicos para llevar a cabo talleres de barro con escolares locales. A medida que sus voces, risitas y atención enfocada llenaban el espacio, traté de imaginar cómo sería el granero en el futuro. Existe la posibilidad de que se desarrolle como un espacio de trabajo comunitario para compartir, aprender, hacer y celebrar, con artesanos que ofrecen talleres en sus respectivas artesanías utilizando materiales naturales de origen local. Esto requiere una red sólida de relaciones, recursos compartidos y un pensamiento creativo flexible, así como apoyo financiero y práctico, todo lo cual Alicia Marván (directora fundadora de Guapamacátaro) ha estado buscando y cultivando en Michoacán. Esperamos que este piloto haya sembrado las semillas para que el proyecto arraigue y crezca.

I fell in love with this strange old stable in a disused grain store…

…when I first visited Guapamacataro in January 2019. My project then centred around possible reimaginings of the space given its complex history and intriguing limitations/potential. I had no idea then that I would be back here a year later, part of the team converting it into a shared ceramics workshop.⁣

⁣As land that was once part of a much larger hacienda it shares the history of so much of Mexico: the hacienda system introduced by the Spanish conquistadors, much like England’s feudal system, involved huge land grabs and the control and enslavement of the existing indigenous peoples who were made to work for the hacienda owners. In the agrigarian reforms that followed the 1910 revolution, proportions of these lands were redistributed but disputes over land ownership continue to this day.

Guapamacataro wasn’t built until the 1800s, and the granero later, when it was used to store wheat and corn harvested from the surrounding agricultural fields (wheat having been introduced by the Spanish). In the 1970s, when no longer needed as a grain store it then became home to a number of horse stables (horses also having been introduced by the Spanish and hugely significant in agricultural production). For the past 5 years or so the space has been empty and unused, but resonates with an energy that speaks of its many lives and links to multilayered stories. In the area of Michoacan where Guapamacataro is based, communities of Purépecha, Mazahua and Hñähñü (from where my abuelita originates) peoples merged, so I also find myself wondering whose feet trod the earth here in its past realities.

During my stay at Guapamacataro we set this stable up with the basic essentials for running clay workshops with local schoolchildren. As their voices, giggles and focused attention filled the space, I tried to imagine what the granero might look and sound like in the future. There is the potential for it to develop as a community workspace for sharing, learning, making and celebrating, with artisans offering workshops in their respective crafts using locally sourced natural materials. This requires a strong network of relationships, shared resources and flexible creative thinking, as well as financial and practical support, all of which Alicia Marván (founding director of Guapamacataro) has been seeking and cultivating in Michoacan. Our hope is that this pilot may have sown the seeds for the project to take root and grow.

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